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Se conocieron en un tren antes de Malvinas y se reencontraron años después

Nélida y Mario son de dos pueblos separados por más de 700 kilómetros. Pero hace 37 años el destino los unió en medio del conflicto bélico que enfrentó a Argentina y Gran Bretaña

Ella es oriunda de Bigand. El 14 de abril de 1982 fue al andén del tren del pueblo para entregar donaciones a los soldados que iban a defender la patria en el Atlántico Sur. Al subir a uno de los vagones lo encontró a él, por entonces un muy jovencito correntino, quien lloraba desconsoladamente y pedía que alguien le avisara a su madre que estaba bien. Nélida Lorenzetti y Mario Prado comenzaron, desde entonces, a escribir una historia con tintes de emoción y fraternidad. 

"Fui una elegida por Dios. Subo a uno de los vagones y encuentro a Mario, con la cara empapada de lágrimas. Me dio un papel y me imploró que me comunicara con la madre, porque se iba a guerra y no había sabido más nada de él", contó Nely en los micrófonos de Radio Casilda. En su desesperación, el soldado hasta le arañó el brazo cuando el tren se iba, pidiéndole que le diera tranquilidad a su progenitora. Igualmente, no sabía todo lo que esa simple charla, que no duró más de cinco minutos, iba a despertar.

Mario Prado es oriundo de Chavarría, otro pequeño pueblo en el norte de Corrientes. Al tratarse de una comunidad no tan grande, Nely se decidió y envío una carta a la dirección que el soldado le había entregado en un pequeño trozo de papel. "No dejaban subir muchas personas a los vagones, pero la mamá de ella tenía un bebé en brazos. Creo que por eso la autorizaron. Le conté que mi papá trabaja en el ferrocarril y le dije que todo el mundo me conocía en Chavarría", agregó el ex combatiente de Malvinas.

En ese tiempo, Mario recordó que le había llegado una citación del regimiento, de forma repentina. Su mamá escuchó por radio que Argentina había recuperado las Malvinas y se puso mal por eso. Sin embargo, todavía no era consciente de lo que se venía. A los pocos días de estar reclutado, lo subieron en un tren que también transportaba grandes vehículos y se lo llevaron al sur. Más precisamente, hasta Río Colorado en la provincia de Río Negro. 

En una de esas tantas detenciones en los pueblos, Mario conoció a Nely. Y jamás imaginó lo importante que ella sería en su vida. Porque actuó como intermediaria entre los Prado y su hijo durante la primera parte del conflicto bélico. Siguió escribiéndose con la madre del soldado y hasta conoció detalles de su vida, mientras el joven pisaba el fangoso terreno de Soledad y Gran Malvina. 

La mamá de Mario falleció en 1986 y allí la historia entró en un impasse. Ambos siguieron con su vida "normal". Hasta que 15 años después de la guerra, la vecina de Bigand quiso saber que había pasado con "su soldado", como ella lo define. "Ella sabía toda mi historia por mi mamá, pero entre nosotros no habíamos cruzado más de dos palabras en un vagón de un tren", reconoció Mario.

Nely consiguió una guía telefónica de Corrientes y se sorprendió al encontrar un número que efectivamente correspondía al nombre del ex soldado. Cuando llamó creyó estar hablando con él, aunque se trataba de su padre, quien llevaba el mismo nombre. Igualmente, la emoción lo invadió por la comunicación y se puso en contacto con su hijo -quien estaba de viaje en Buenos Aires- y lo alentó a reencontrarse con su salvadora.

Poco tiempo después, y luego de cumplir una promesa en San Nicolás, Mario recorrió cientos de kilómetros para arribar hasta Bigand. Lo hizo durante una madrugada y se encontró con un pueblo ansioso que ya sabía de su visita. 

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