Empieza la temporada de río. Una semana después de su tercera consagración con Atlético Pujato, Horacio Vailatti está feliz de la vida. No piensa demasiado en la vuelta olímpica, no dice que está así de alegre porque salió otra vez campeón. Cuenta que la sonrisa le aparece en la cara cuando sabe que ya se terminó todo y que, ahora sí, agarra sus herramientas, su bolso y se sube a la lancha. Puede que vaya solo pero sabe que va a encontrarse con alguien.

“Yo piso el agua y ya estoy relajado, no necesito más nada. Es en el único lugar que me olvido de todo, me olvido si perdí, me olvido si gané, me olvido del negocio, si se vende o si no. Es mi lugar”, suelta a modo de declaración de principios y luego, acto seguido, saca las manos de atrás de la nuca y se muestra nostálgico y reflexivo.

 

“Lo hice toda la vida, desde chiquito. Mi viejo se ahogó al lado mío, cuando yo tenía ocho años. ¿Sabés lo que fue hacerle entender a mi vieja que yo amo el río? Fue una lucha, hasta que fui grande. Primero me tenía que esconder, no sabía nada ella. Hasta el día de hoy sufre”. Para Horacio Vailatti, el tipo de carne y hueso, el que está muy en el fondo del competidor innato que en la tierra quiere ganar a todo lo que juega, estar en el agua es una forma de volver a ser el niño que miraba a los ojos a su papá.

 

“Yo tengo todo guardado lo de mi viejo, lo cuido mejor que lo mío. Murió el 6 de febrero del 78, imaginate los años que tienen su riel, sus cosas, eso es inmaculado. No lo uso tanto, una o dos veces al año llevo su equipo al agua. Una forma de decir te llevo al río”.

Después de hablar de sí mismo, del otro Vailatti, el de las profundidades, el entrenador de Atlético Pujato empieza a dar pistas de como se construyó el profesional que tomó a un equipo campeón en 2015 y lo mejoró al punto de hacerlo casi imbatible.

 

“Con los jugadores yo soy amigo. Fue un problema que yo lo quería resolver. No puedo sentirme lejos, no puedo tener distancia, excepto en los momentos en los que tenemos que ponernos a laburar. En el momento en el que empezamos a laburar, si tengo que echar al capitán, lo echo, pero antes de empezar a trabajar y después, no puedo poner esa distancia”.

Más allá que Vailatti diga que cuando decidió invertir en una lancha lo hizo para no elegir un psicólogo, el que más lo ayudó para resolver su relación con los jugadores fue precisamente un analista. “Azato, el psicólogo japonés que tuve mientras estudié, el que más me dejó en todo el curso de técnico, me dijo que como manejo un grupo de jugadores, no a un tenista, a algunos le tengo que entrar de frente, a otros de costado, al otro de atrás, pero todos tienen que entender que vos sos un amigo, y si están comiendo y te tienen que tirar un pedazo de pan no pasa nada pero si están entrenando y hacen eso, tienen que entender que se tienen que ir. Ese margen tiene que venir solo, me costó un tiempo y fue así, vino solo”.

 

El estratega. Pensando en el banco de suplentes.
El estratega. Pensando en el banco de suplentes.

Cada futbolista es un mundo. El flamante DT campeón en la LCF lo sabe y puntualiza sobre algunos de los casos paradigmáticos de su plantel. Como lo admite, son sus amigos, por eso evita tratarlos de usted o llamarlos por el apellido. Prefiere los apodos. “A Chicho -Rolón- un dia lo agarré y le dije que no me rompa mas lo huevos a la hora de entrenar, que no se enoje, pero que a la hora de entrenar está 175 metros abajo mio, y que afuera éramos amigos, hermanos. A Jony -San Juan- lo llamé por teléfono a los dos días que arreglé con Pujato. Lo llamé tres o cuatro veces hasta que atendió. Al otro dia, lo agarré solo en la plaza y creo que me entendió bastante. Es un pibe especial, le hubiese hecho muy bien una ayuda terapéutica. Yo ahí no llego, pero es un chico que compite contra él, permanentemente, se enoja, pero ha ido mostrando signos. Es cerrado pero este año cada vez que salíamos a la cancha, me puso la cabeza en el pecho. Para él eso es decir te quiero, gracias por todo, y otro montón de cosas. Es un pibe que le cuesta expresarse”. El caso opuesto es el de Agustín Musso. Formado en Ciencias Económicas, es un símbolo de la conducción que dentro del campo pretende su conductor. “Agustín tiene el carácter ideal de un jugador de fútbol. Por lo general el jugador que tiene ese carácter en el juego quiere pelear, en cambio a él jamás le vas a tener que decir algo, o lo vas a tener que parar. Muestra un temperamento terrible, pero el pibe tiene un intelecto muy por encima de la media un jugador de fútbol”. Y el capitán es el capitán. El líder deportivo se llama Dante Rossi. “Si yo tengo que armar un equipo desde que yo tengo uso de razón, es titular. A Dante, Dios no le dio diez centímetros para que gane mucha plata. Hay partidos que a veces juega como yo lo hago con mis sobrinitos, parece que a los delanteros los mira de reojo. Una bestia”.

 

Años felices. Horacio Vailatti ganó tres de los últimos cuatro campeonatos.
Años felices. Horacio Vailatti ganó tres de los últimos cuatro campeonatos.

 

Después de cuatro temporadas en las que ganó tres títulos se siguen abriendo incógnitas y Vailatti las responde a todas.

-¿Qué fue lo que más te costó?

-El primer año fue duro. Salir campeón era solamente igualar la campaña, con una política y una forma opuesta a la que a los jugadores los había llevado a salir campeón, no últimos. Costó mucho. Alguno preguntaba la hora mientras estábamos entrenando y todavía nos faltaba media hora más.

-¿Cuál es la fórmula?

-No tengo mucha mas explicación que el dia a dia, el proyectar continuo, el ir tratando de que cada jugador se sienta bien, creo que ahí está la receta. No digo la receta del fútbol sino mi receta. Mi receta no es acertar un cambio, mi receta es que el jugador tres horas por dia se sienta un profesional, se sienta que está en Boca o en River. Por eso yo no concibo un entrenamiento con conos tirados, materiales regulares, un piso malo, pelotas rotas, sin ropa. El jugador tiene que sentirse profesional. Es una manera de decirle, yo te doy todo vos dame todo.

-¿Cómo se potencia a un futbolista que viene de ganar?

-Es una tarea continua y que no termina nunca. Desde que empezamos la pretemporada hasta que terminamos el torneo tiene que dar su límite. Yo confío en eso, en el límite individual para que el colectivo sea bueno. Después de eso, la segunda tarea mía es hacer que sean competitivos pero individualmente porque eso se los voy a pedir el domingo y no se los puedo pedir sino lo automatizan. Si hacemos un torneo de tenis-fútbol y el que pierde se va riendo, yo me enfermo.

-¿Convecés a todos de tener esa mentalidad?

-Hay jugadores que se niegan, que no les gusta sufrir, jugadores que hoy no los tengo. Hay jugadores que regulan. No todos tienen el mismo carácter, y tratamos de que nadie regule, que todos vayan a fondo. Yo siempre apunto primero al individual, si yo no puedo ponerlo individualmente bien, el colectivo no va a ser bueno, por eso trabajamos mucho en espacio reducido. Cada charla que tenemos es sobre esto, hablamos más sobre esto que sobre fútbol, después los resultados te tienen que acompañar. Cada cual tiene su receta, a mi me dio resultado esta.

-¿Qué les pasó en 2017?

-Cometí muchos errores. Soy consciente de que el equipo hizo un torneo para llegar mucho más arriba y soy consciente de que una gran responsabilidad de que nos hayamos quedado ahí fue la partida de Joel Núñez. Si este año faltando dos meses venía López y me decía que se iba yo me mataba. Previo a la ida de Núñez hubo un error, que fue dejar ir a Juan Salguero, porque yo les dije que arreglen por el más barato. Y Joel pensé que se quedaba hasta fin de año y se fue.

-Te renovaron aún sin ganar. ¿Cómo escapás de la zona de comfort que te ofrece Pujato?

Lo hablo continuamente con los jugadores. Les digo que no se acostumbren nunca a este club. El día que te acostumbraste estás afuera. Acá tenés que rendir porque te pagan para que juegues al fútbol bien. Si te acostumbraste posiblemente bajes el rendimiento y mañana llaman a otro para que venga y juegue al fútbol bien. Siempre se los trato de decir, lo hablamos mil veces. El jugador de fútbol tiene una sola forma de cuidar el lugar, portarse bien y rendir, y no alcanza haciendo solo una de las dos cosas.

-¿Que tiene Pujato que el resto no tenga?

-En el fútbol hoy dejo de existir la paciencia, y peor que eso dejó de existir la objetividad, entonces muy posiblemente si no ganás te tenés que ir. Atlético es un club que rescató paciencia y objetividad. En Belgrano me tocó una muy buena campaña y perdimos un partido inesperado y nos dejó afuera del campeonato. Ese mismo año, ese mismo rival que nos deja afuera, lo deja afuera a Pujato y a los dos días los dirigentes le fueron a decir a Fitín -Casadei- que siga. De un lado la objetividad para ver que no todo en la derrota está mal y del otro la falta de objetividad para pensar que en la derrota nada más sirve, y todo está mal.

-¿Es difícil irse por decisión propia de un club así?

-Si. Es un club que si mañana los dirigentes pegan un grito, tienen cuatro colectivos con entrenadores ahí en la puerta. Todo el mundo quiere ser entrenador de Pujato. No es fácil dejar un lugar como ese, pero también yo soy un bicho raro y me motivan otras cosas. No me gusta sentarme arriba de la comodidad. Yo lo único que pedí fue infraestructura. Necesitaba mejorar el gimnasio, que llevemos el riego atrás, y han hecho todo, hemos mejorado todo. Esas cosas me entusiasman. El solo hecho de ir a buscar un campeonato, me conviene ir a buscarlo donde todavía no lo gané. Ahora si hablamos de seguir creciendo yo te acompaño.

-¿Eso apunta a jugar un Federal?

-Sería meterme en una cuestión económica que no me corresponde. Ojalá, pero yo hablo de que el club crezca y en estos cuatro años creció mucho, si vos miras la zona de vestuarios, hoy el club donde estaba el gimnasio tiene una oficina técnica, donde estaba la utilería hay un consultorio médico, se ha hecho el piso de la cancha auxiliar. Ojalá los directivos tomen la postura de en algún momento intentar otro tipo de torneo, pero no es sencillo y yo no estaría de acuerdo que ellos lo hagan si las cosas no son claras, porque ya hemos visto muchos casos como este. Lo que hiciste en un año lo desapareciste en dos minutos. Son cosas que tienen que estar bien plantadas.

-¿Qué pensás de los que dicen que los ayudan los árbitros?

-No me molesta que se hable porque sé que es mentira. No hay posibilidad de que se pierda un partido si sos superior, si hay posibilidad de perder si te superan. Después de la primera final lo único que les pedí a los chicos es que hasta el martes hablen de todo lo que pasó y todo lo que leyeron, pero a partir del miércoles ni una sola palabra porque sino no se focalizan y podíamos perder el campeonato. Se equivocaron los dos, la acción, la reacción, el árbitro, y en el fútbol ocurre en todos los partidos y va a seguir ocurriendo.

 

Horacio Vailatti se pone en modo entrenador de básquet y pide minuto. Necesita volver a escuchar un audio que lo emociona. Es de un amigo íntimo, hincha de 9 de Julio, que lo felicita a pesar del dolor que le causó ver a su club perder la final. Ahí es cuando disfruta. En ese instante sabe que ganó. El día después cuando se despierta en el medio de la cancha, llena de papelitos, saliendo de una carpa que llevó después del partido para dormir en el sitio en el que trabajó todos los días de 2018. “La gente se cree que lo hice porque estoy loco, si, estoy loco, pero es la única manera de disfrutar, porque ahí estaba yo con la cancha, caminando descalzo. Imaginate que yo busco seguridad en un ambiente donde no la hay y yo la busco y no la hay. Busco seguridad en el resultado. No se si me gusta el fútbol, yo amo ganar”.

 

En el detalle. Vailatti se enfoca en lo puntual.
En el detalle. Vailatti se enfoca en lo puntual.

No es casualidad que Vailatti valore un mensaje de un amigo Pulgón. Además de haberle ganado, sigue siendo hincha de Belgrano. Aunque como profesional, dice y demuestra que no lo tomó como un partido especial. “Para mí no fue diferente pero dentro del vestuario de Pujato hay dos clásicos al año, los jugadores lo sienten así, uno es 9 de Julio y el otro Belgrano. Te puedo asegurar que dentro de los dos vestuarios de Arequito pasa lo mismo. Los dos de Arequito y Atlético Pujato están en un escalón más alto”. Tanto lo pensó Vailatti que durante el año vio todas las semanas, todos los partidos de los dos clubes de Arequito. Y al margen de lo profesional, hay algo dentro suyo vinculado a su lugar de nacimiento.

 

-¿Vas a volver a Belgrano?

-Los dirigentes de Pujato saben que me crié en Belgrano, que tengo mi afecto, amigos y soy hincha del club. Toda la vida jugué ahí, desde chiquito, lo sabe todo el mundo, no tengo que renegar de eso.

-¿Eso implica que nunca dirigirías a Nueve?

-Antes de traer a Raggio a mí me esperaron hasta el día de la fiesta de campeones de 2016. Me he juntado con ellos y lo hice más que nada para agradecerles, y pedirles disculpas. Deportivamente a quien no le hubiese gustado pero interiormente me costaría muchísimo. Nos juntamos una noche en Arequito con un par de directivos y después seguimos hablando, en permanente comunicación. Se había puesto dura la negociación con Atlético, muy dura y entonces yo pensé que se caía. Llamé a cuatro amigos de Belgrano, dos son directivos, para explicarle la situación. Les dije que si se me caía lo de Pujato la única posibilidad que tenía era la de Nueve. Todos me dijeron que si tenía que ir, que vaya a laburar. Cuando entré al salón en la fiesta de campeones me recibió Miguel -Petetta, de la subcomisión de fútbol del CAP- y lo primero que me dijo fue ‘gracias por todo, te quedas un año más en el club’. Cuando me desperté al otro dia tuve el llamado de uno de los chicos de 9 de Julio y les dije que esa noche ya había arreglado con Pujato. Me hubiese gustado dirigir 9 de Julio si Belgrano no estaría en la Liga. Si no hubiese tenido trabajo, y si no tenía la posibilidad de Atlético y no tenía otra oferta posiblemente lo terminaba agarrando, porque tengo familia y tengo que trabajar. Por suerte Atlético me solucionó todo. Esa noche no sabía si festejar por destrabar esa situación o por el bicampeonato. Sinceramente es una lástima que todo este ciclo no se me pudo dar en Belgrano”.

 

En Pujato contra Belgrano. Postal de 2016.
En Pujato contra Belgrano. Postal de 2016.

Pasa un tiempo y reconoce que la desazón más profunda fue no poder haberle dado títulos como DT al club del cual es hincha. Es que en Belgrano, Vailatti fue campeón aunque como jugador. En 1996 ese equipo de La Pantera cortó la racha de tricampeonatos de 9 de Julio. Lo dirigió Jorge Sampaoli, de quien su pupilo que actuaba como defensor tiene un recuerdo tan grato que mantiene una foto abrazado el ex técnico de la Selección Argentina en el living de su casa. “Tuve una influencia muy grande de Jorge. Me quedó muy grabado que me echó a las patadas un día de su entrenamiento, porque me quise hacer el loco. Mucha de estas formas que tengo yo la aprendí de él”. Cuando compara el clima de tensión que se vivía en aquellos tiempos con la tranquilidad que tiene en Pujato, abre los ojos muy grandes y lanza un “es comparar Kosovo con Ibiza”.

 

Así anda por la vida Horacio Vailatti. El tipo que dice que gana porque tiene mucho miedo de perder, que les pide silencio a sus jugadores para que escuchen el rudio del golpe de la pelota y de sus respiraciones, y que es dueño de su soledad antes de empezar cada partido. El mismo que jura no tener decidido donde va a dirigir en 2019. “Me llamaron varios y a todos les digo lo mismo. No tengo ningún problema de juntarme, charlar. Ni me fui ni me quedé. Necesito mi tiempo, porque termino mal. En los últimos días previos a la final bajé tres kilos, hice un pico de estrés, tuve casi 41 de fiebre, no podía dormir”.

 

 

El 2018 lo pasó por encima pero ya pasó. Ahora es el tiempo de los anzuelos, las cañas y dar paseos en lancha. Es el momento en el que Horacio Vailatti inicia su terapia favorita.