Son tiempos donde la comida rica nos complica un poco el orden y en ocasiones apuntamos al exceso. En esta oportunidad, la idea es no tener que llegar a ese punto donde ya no podemos comer más o bien plantearnos dietas extremas luego del festejo.

No es solo una cuestión de alimentos sino también de bebidas y dulces. Tampoco hay obsesionarse, por lo que es bueno respetar las comidas diarias y sobre todas las cosas, merendar, ya que es más importante que en otros días.

Teniendo en cuenta que en muchos hogares las mesas se arman al estilo banquete con un montón de opciones, vale recordar que lo que no podamos ingerir un día (jueves 31 por ejemplo), seguramente podemos probarlo viernes, sábado e incluso domingo.

En estos casos, es muy difícil elegir un solo camino, por lo que es una buena técnica planificar una entrada, plato principal y postre, aunque la mesa repleta de variedades es muy común (y para nada está mal).

Dado lo último mencionado, la recomendación es visualizar y elegir lo que voy a querer comer y luego, servirse. Hay que hacerlo despacio, no importa mucho el horario sino disfrutar de lo que estoy comiendo.

No centremos todo en la alimentación, si bien es sumamente importante, no es lo más sobresaliente de una fecha como tal. Charlar con nuestros seres queridos, pasar un buen rato con personas que tal vez hace tiempo no vemos, son parte fundamental de estas reuniones.

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