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Desde enero de 2017, los dirigentes de la Liga Casildense de Fútbol decidieron que las nenas que jugaban en las categorías de AFIZ junto a sus compañeros varones, esta imposibilitadas de hacerlo de forma reglamentaria. Así de retrógrado como suena.

La medida va en contra de todos los avances que lograron las mujeres en torno a sus derechos en nuestro país y que, como buena muestra de la sociedad que es el deporte, se manifiestan en el fútbol. Resulta tan absurda que algunas niñas igual seguían jugando dado que los árbitros ni siquiera se habían percatado que las nenas podían estar infringiendo una ley.

Todo lo bueno terminó cuando su mamá le tuvo que decir a Candelaria que ya no podía seguir jugando. La niña practicaba el deporte que más le gusta con sus compañeros de Huracán de Chabás, estaba  a cargo de los profesores Damián Salazar y Gonzalo Neirot, hasta que Juan Manuel Garello, el delegado del Zapatudo, fue notificado por los directivos de la LCF.

Este lunes, Gustavo Pasquinelli, coordinador del fútbol juvenil del club, brindó su testimonio en Radio Casilda. “La escuela de fútbol tiende a ser recreativa e inclusiva. Yo soy muy positivo en que si los delegados se juntan, lo revean. Candelaria se queda sin jugar en Huracán, pero hay un montón de nenas en otros clubes que se quedan sin jugar. Es sentarse y hablar, nada más”

Huracán se movilizó para que la resolución se descarte para las categorías de AFIZ, y que tal vez se tome en cuenta sólo para las divisiones que son competitivas.  Es un primer paso pero hay que ir más allá. La Liga Casildense debe ofrecerles más lugar a las mujeres. Abrirles la posibilidad de competir, de no limitarse a espacios amateurs, de concientizar a los clubes que todas merecen un espacio de desarrollo.

Nada más retrógrado que prohibir, ni más alejado de la realidad que cerrar las puertas a quienes lo único que pretende es JUGAR.