Los días continúan pasando en el pequeño poblado de Berabevú, pero el golpe fue demasiado grande y se puede sentir en el ambiente. Más de tres semanas transcurrieron desde el cruel asesinato de Juli Del Pino y es inevitable para su madre sentir su ausencia. Asegura estar muy contenida, agradece el accionar de quienes están detrás de la investigación y también admite que su contacto con el exterior es escaso.

"Le pido a la Justicia que sigan trabajando como lo han hecho desde un primer momento. Siempre estuvieron a disposición de la familia. Incluso desde el momento de la desaparición, activaron la búsqueda sin dejar que pasaran las 24 horas que se dan por recomendación", contó en su primer intervención en los micrófonos de Radio Casilda. Aun hoy, todavía no se encontró la bicicleta en la cual se trasladaba la víctima ni el teléfono celular con el cual mandó ese último mensaje: "Mamá, ya vuelvo. Calentame la comida".

Fabiana recuerda la noche del horror con mucha entereza, aunque se notan en ss voz los fantasmas que la aterran. "Durante esa madrugada no me quedaron personas por despertar. Nunca se me cruzó por la cabeza ir a golpear la puerta de esa persona, porque era compañero de trabajo de mi hijo", soltó. Por el momento, no hay indicios de que otra personas pueda estar involucrada en el femicidio, aunque se siguen analizando cámaras de la Comuna y de domicilios particulares.

Ahora sólo resta que esperar que haya justicia, que quien hizo esto pague por un actuar cobarde y sin escrúpulos. Mientras tanto, queda una pérdida irreparable. Una sensación que, lamentablemente, pueden entender quienes la atraviesan. "Tu duele la carne, el alma y el corazón. Una cosa es imaginarlo y otra muy diferente vivirlo. La ausencia es contínua, en el día a día", repite Fabiana.

Por eso es tan importante el acompañamiento que siente de parte del pueblo. De las mujeres autoconvocadas que unieron como nunca luego de la noche del horror. Todos los días recibe llamados y palabras de aliento. Cada fin de semana hay marchas del silencio, tanto allí como en pueblo vecinos, que son iluminadas por la luz del ángel que ahora las mira desde el firmamento.