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La plaza Belgrano se vistió de celeste y blanco este martes 20 de junio. Ante las autoridades y el público presente, los chicos de cuarto grado de las escuelas primarias de la ciudad juraron lealtad a la insignia patria y se llevaron el acto central de la jornada.

Más allá de lo protocolar de la ceremonia, también se presentaron los muchachos de la Posta Sin Tranquera quienes a su vez celebraron su decimoséptimo aniversario de la creación del Centro Tradicionalista. Con sus caballos desfilaron desde el acto hasta su predio.

Stella Mancinelli de Pecoro fue la docente a cargo de brindar sus palabras y de parte de los alumnos, la representación estuvo a cargo de Malena Pagano Cosidoy, quien leyó un texto que los propios jóvenes armaron en un taller dictado por Emilio Ardiani.

El Mensaje de los Chicos

Celeste y blanco, mucha más que dos colores, para los argentinos es parte de nuestra identidad. ¿Cabe un país en una tela? ¿Qué vemos en una bandera? ¿En un símbolo patrio estamos todos? Quiénes somos todos?
Casi como una canción de cancha de fútbol, de chiquitos aprendimos a quererte, a hacerte nuestra, a ver una camiseta celeste y blanca y sentirnos como en casa en cualquier sitio, a ver al otro con esa camiseta y estar dispuestos a abrazarnos y emocionarnos con quien también la usa como si fuera un hermano. Pero también sabemos que no basta un mundial cada cuatro años para ser argentinos, que la camiseta se transpira todos los días en el trabajo, en la familia, en el barrio, al respetar un semáforo, una fila en el banco. Respetar la bandera es respetarnos a nosotros como personas que viven en éste país y que comparten no solo un símbolo sino la vida.
La vemos en el mástil, en un balcón y a veces tímidamente asomando en una ventana; quizás deberíamos verla en cada acción porque si la Patria está en una bandera, mucho más está en su gente y en cómo se comporta, quizás por ello debería estar en cada esquina, recordándonos con su ondear que la izamos no solo en la escuela sino cada vez que tomamos decisiones, cada vez que somos argentinos, que es todos los días. 
Es que a veces la vemos a media asta, de luto, y nos explicaron que sucedía cuando alguien importante había muerto, o algo muy grave sucedió. ¿No debería estar a media asta cada vez que un chico no tiene para comer ¿Cuándo la corrupción nos avergüenza? ¿Cuándo las crisis se suceden una tras otra? ¿cuándo tenemos educación pública y aun así un montón de chicos no pueden estudiar o deciden no estudiar y nadie los ayuda? O cuando la inseguridad te asusta y sabés que tus papás están despiertos hasta que por fin llegaste? Y media asta debería estar con cada muerte en el tránsito o cada femicidio.
Nos duele y escandaliza si alguien la quema, la ensucia, pero ¿no hacemos lo mismo con ella cada vez que no respetamos las leyes, no somos solidarios o no miramos al vecino que pide ayuda?
Y Ahí está con su sol, sol de la bandera que nos mira y nos pregunta qué haremos hoy, cómo la vamos a llevar, si vamos a tomar la decisión generacional e individual de llevar la bandera con orgullo y lealtad, si seremos los argentinos del futuro cercano que por fin se unan, que lideren para bien, que tengan pasión en la amistad y tolerancia.
Querido trapo nuestro, celeste y blanco, de pelota de fútbol y también de bocha de hockey, de mate y asado y también de hamburguesa, de tango y cuarteto, te prometemos hacerte el aguante, bancarte en las buenas y en las malas, que no le tenemos miedo a lo que viene, que sabemos que tenemos una responsabilidad, la de llevarte más lejos, más alto, de construir un país mejor, de ser argentinos todos los días, en cada momento, en cada decisión.