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El increíble periplo de una pareja santafesina y un perro por Latinoamérica

Una pareja de arquitectos tomó el coraje de largar todo y cumplir su sueño de viajar por todo el continente. Ellos mismos prepararon su vehículo y allá andan, conociendo de verdad la América profunda. Llevan alegre un pasajero: un perrito colado a último momento.

Se necesita muy poco para viajar, quizás. Sin embargo, es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Una pareja de santafesinos decidió no postergar más su sueño de recorrer el continente, y tras cerrar sus relaciones laborales se animaron y zarparon por toda América, en un utilitario que compraron para este objetivo, y hasta un perro que se sumó a último momento y como si hubiese adivinado el apasionante periplo que le deparaba el futuro.

En diálogo con Rosarioplus.com los protagonistas del recorrido, Paula Picech, Federico Borsatti –ambos arquitectos recibidos en la UNL- y Gruñón -el pequeño perro mestizo que se subió a la Kangoo y no se quiso bajar más- contaron cómo fue la decisión de dejarlo todo y vivir con lo básico, un precio siempre mínimo por amanecer ante la majestuosidad de los distintos paisajes del continente.

“Es una idea que siempre tuve, realizar un viaje extenso conociendo distintos lugares de América, regalarme esa experiencia. Y claro que están los miedos sobre qué hacer al volver, pero supongo que también eso tendrá su búsqueda y su encanto”, contó Paula, que tiene 32 años y estuvo planeando esta escapada extra large durante un par de ellos.

Armando el sistema de baules para la Kangoo, su nuevo hogar.

“Ahorramos durante un buen tiempo y cuando llegamos a un monto que considerábamos nos alcanzaba para hacer el recorrido, pusimos fecha para la salida. Avisamos en nuestros lugares de trabajo unos meses antes para que organicen las obras con otras personas y cerrar bien las relaciones laborales sin dejar a nadie colgado”, detalló.

La idea inicial que tenía la pareja era viajar a México y desde ahí empezar a bajar. Pero este viaje tuvo un agregado inesperado que los obligó a repensar el modo en que hacerlo. Es que mientras la idea del viaje ya se iba efectuando apareció un pequeño perro. "Gruñón es una historia aparte. Apareció hace dos años mientras trabajábamos en una obra en el Fonavi Centenario, el que queda atrás de la cancha de Colón. Llegaba cada mañana a la oficina, para esas obras se arman oficinas móviles tipo contenedores, y él estaba ahí aunque no dejaba que nadie lo toque”, contó.

“Empecé a jugar con él, a tirarle palitos o alguna pelota, y el perro se enloquecía y así fue dejando de gruñir tanto y permitiendo que lo toquen todos los de la obra. Nos enteramos que tenía dueña, que era del barrio, pero él cada mañana nos estaba esperando en la obra. Cada vez se quedaba más tiempo y cuando nos íbamos nos perseguía. Supongo que ya sabía que se iba a venir de viaje con nosotros”, cuenta riéndose.

Gruñón, desde el barrio Centenario hacia toda América Latina.

“En un momento ya estábamos muy encariñados y le dijimos a los dueños que nos lo queríamos quedar y al ver ellos la relación que habíamos generado, nos lo permitieron. Ahora su antigua familia sigue las aventuras de Gruñón por Instagram y siempre nos comentan las publicaciones”, contó.

Con perro incluido decidieron que la mejor opción era partir con una camioneta desde Argentina. A partir de una publicación de otros viajeros en Kangoo pensaron, aunque sin tanta fe, que podría ser una buena alternativa.

Compraron la camionetita y la equiparon acorde a la situación. “Terminamos nuestras relaciones laborales y también nuestro contrato de alquiler y nos instalamos con la Kangoo en una quinta de la familia a armarla para el viaje”, detalló. Un juego de baules instalado en la caja y encima un colchón de un 1.90 por 1.40 cortado en tres para poder rebatirlo y abrir el baúl que se necesite fue el sistema que diseñaron. 

Fueron unas semanas intensas tras lo cual el 18 de junio arrancaron desde Sunchales, provincia de Santa Fe, el recorrido que ya lleva cinco meses y cuatro países recorridos. “Recién el 31 de julio pasamos a Bolivia sin pensarlo demasiado y por ende sin hacer una compra grande de yerba mate”, se lamenta.

Lo social no queda escindido de un viaje de estas características en donde el recorrido te va encontrando con distintas situaciones. “En Bolivia pasamos por Tupiza, en donde había cortés y manifestaciones porque una empresa Argentina no paga los sueldos”, recordó. Pero claro que también hay pasajes: “Recorrimos en excursión el salar de Uyuni y una zona de volcanes y lagunas casi límite con Chile. Después seguimos para Uyuni ciudad, Oruro, Cochabamba, La Paz y Copacabana”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Y un lunes, día ideal para empezar una dieta, nosotros decidimos arrancar viaje!

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“Seguiremos avanzando. Los lugares son hermosos y en el viaje uno se va conectando con otra gente que está haciendo sus recorridos de distintos modos. De hecho hasta acordamos reencuentros en otros puntos con muchos de ellos. Son conexiones muy intensas que ayudan también a no extrañar los afectos que uno deja atrás”, confesó.

En cuanto a la fecha de regreso tampoco lo piensan mucho. Evalúan si subir o no hasta México, sí saben que volverán por Brasil. Para contar el viaje se crearon hace pocos días la cuenta de Instagram que se llama, fiel a su sentir, A la vuelta vemos, y así siguen. Sin pensar mucho en el regreso, aunque saben que siempre hay un regreso, y apuestan a que se trate de eso: ver y emprender, reeditando de otro modo un poco de todo lo vivido.

Así se ve el mundo desde la Kangoo - hotel que los alberga a Paula y a Federico.

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