Según datos recientes revelados por la FAO, organismo dependiente de Naciones Unidas, Argentina ocupa el primer lugar dentro de los países de Latinoamérica con problemas de obesidad infantil. La situación ha dejado de ser meramente estética para transformarse en una preocupación por la calidad de vida de los pequeños. En ese sentido, los padres ocupan un lugar preponderante.

Los inconvenientes de exceso de peso se están desarrollando cada vez a más temprana edad y están centrados sobre tres causas: el sedentarismo, y los hábitos alimentarios que poseen, por lo general, cada uno de los dos adultos responsables del cuidado del niño. 

Hay una condición básica para entender la influencia de los mayores: los niños no piden aquello que no conocen. Por eso, muchas veces se cometen errores al acercarlos a sabores como jugos procesados, golosinas, gaseosas, snacks, y helados industriales. Además, hay hogares en los cuales no se estimula el consumo de frutas y verduras. Y lo mismo ocurre con la actividad física.

Consecuencias

-Cuando la obesidad se manifiesta entre los dos y seis años, tiene gran posibilidad de persistir en la adolescencia y la vida adulta

-Los jóvenes se ven expuestos a enfermedades del tipo cardiovascular, endócrina, músculo-esquelética, oncológicas, respiratorias, hepáticas y hasta psicológicas.

Azúcar, mala idea

Según especialistas, no debería administrarse azúcar en niños menores de dos años, puesto que no la necesitan dentro de su plan alimentario. Aún así existen productos infantiles que la "encubren" con denominaciones como jarabe de maíz, JMAF, glucosa, sacarosa o fructosa.

Al referirnos a 'Azúcar', debe interpretarse como azúcar agregada. Que es aquella sustancia que no aporta valor nutricional, puede despertar adicción y suma calorías vacías. No debe confundirse con el azúcar natural, presente en los alimentos en menor concentración.

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