Ingenieros del Inta Marcos Juárez realizaron un trabajo de investigación llamado “Ascenso de napas en la región pampeana: ¿incremento de las precipitaciones o cambios en el uso de la tierra?”, analizando precipitaciones y la proporción de cultivos de grano, y pasturas del departamento Marcos Juárez. Las conclusiones son contundentes y dan cuenta de que la mano del hombre tiene mayores consecuencias que los fenómenos de la naturaleza.

Nicolás Bertram y Sebastián Chiacchiera son los profesionales que trabajaron la temática. En diálogo con CasildaPlus.com, Bertram explicó detalles de lo realizado: “Relacionamos las variables que afectan el balance hídrico, para determinar cuantitativamente el peso de las precipitaciones y el consumo de agua por parte de los cultivos, para así determinar a que debe el ascenso de la napa freática. Lo que pudimos observar es que en los últimos 40 años llueve aproximadamente lo mismo para el departamento, pero los consumos disminuyeron a menos de la mitad", explicó.

“El consumo de agua por parte de los cultivos y el cambio en el uso de la tierra, nos estaría explicando el ascenso de las napas”, destaca Bertram.

El trabajo de los ingenieros explica que el “incremento sostenido del componente freático que se dio en los últimos 40 años en la región pampeana ha llevado en la actualidad a situaciones en donde la misma se acerca demasiado a la superficie, lo que conlleva a un alto riesgo no solo en lo que respecta a producciones agrícola ganaderas sino también en sectores urbanos, pudiendo generar en ambas situaciones inundaciones temporarias”.

En el análisis se observaron dos tipos de efectos en el comportamiento de la napa, a corto y largo plazo: “Los primeros asociados a las precipitaciones locales, mientras que los segundos estarían relacionados con las actividades (cultivos) y el consumo que estas generan. Así se encuentra una relación positiva en donde gran parte del incremento de la profundidad de la napa se asociaría al proceso de agriculturización y sobre todo a la mayor superficie sembrada con el cultivo de soja, generando menores consumos de agua concentrados en un momento del año, en detrimento de pasturas perennes y pastizales que consumen mayores volúmenes de agua durante un periodo de tiempo más prolongado”.

Según las conclusiones a las que llega el trabajo, “la respuesta para la regulación del componente freático no dependería en gran medida de factores que no se pueden controlar (precipitaciones), sino más bien de estrategias de consumo, para las cuales es necesario conocer la profundidad de la misma, el agua disponible en el perfil y su retención y pronósticos climáticos de mediano y largo plazo”.  

El trabajo explica que la siembra directa colaboró significativamente con el incremento y estabilización de rendimientos, reduciendo las pérdidas de agua.

Técnicas como ésta, que colaboran con evitar las pérdidas no productivas del agua, fueron y son importantes para aumentar los rendimientos y estabilizarlos. “Sin embargo, sería necesario planificar cambios en la estructura de los sistemas de producción en la medida que la oferta hídrica aumente significativamente, lo cual podría impedir nuevas pérdidas y, a la vez, permitiría un nuevo aumento en la producción. En cierta forma se almacena el agua sin estrategias posteriores para consumirla”.

No obstante, “parece imprescindible tener una mirada más amplia sobre el particular, comprendiendo que es un tema que debería abordarse interdisciplinariamente, sumando a sectores productivos, tecnológicos, políticos de diferentes instancias y sociales en general, con el objetivo de encontrar alternativas integrales para la reversión de lo que hoy es considerado un problema”.