Francesco Orellano cursa el cuarto año de la modalidad Ciencias Naturales en el Colegio Misericordia. El último fin de semana participó de la etapa final de la Olimpíada Argentina de Tecnología. Todo un embajador de la ciudad.

El alumno de 16 años fue seleccionado para ser parte del grupo final tras una primera etapa por la que pasaron mil postulantes. El objetivo fue pensar en cómo poner en práctica cuatro proyectos relacionados al área de robótica.

En la primera instancia evaluativa, el aspirante fue examinados mediante un examen común a nivel nacional de selección múltiple de opciones. El mismo constó de 45 preguntas teórico-prácticas a resolver en un plazo de 45 minutos. Luego de este examen, surgió un conjunto de alumnos ganadores que se trasladaron al Instituto Tecnológico de Buenos Aires para realizar la segunda instancia, en la que cada uno debió imaginar, planificar y desarrollar experimentalmente las soluciones a los desafíos planteados. 

 
 

El ITBA organizó la cuarta edición de la OATec destinada a los alumnos de colegios secundarios de todo el país, y entre los 16 finalistas hubo un casildense. Francesco entregó su testimonio a CasildaPlus.com después de haber relatado su experiencia en las redes sociales del Colegio. "Lo mejor que me pasó fue incorporar conceptos que no están dentro del plan de la escuela a la que asisto. Además, hizo nuevos amigos y quedé en contacto con ellos. A mí me gustan las ingenierías en general y me di cuenta que cuando más conocés, más terminás de definir lo que vas a estudiar. En mi caso, me llamó la atención el primer proyecto que está relacionado a la robótica pura", dijo el estudiante en relación a los cuatro proyectos que debió desarrollar.

Su referencia apunta al plan de desarrollar la programación de un robot. El mismo hizo las veces de coche que debía salir de un laberinto del cual no tenía el plano. Es decir, debía arribar a una solución general. Luego debió realizar programaciones para resolver operaciones matemáticas complejas, construir un montacargas con motores eléctricos y construir y programar un brazo robótico controlado mediante un joystick.

Durante viernes y sábado, Francesco trabajó en grupos conformados al azar y también de forma individual. Compartió experiencias con estudiantes que mayormente cursan en escuelas técnicas e incluso son mayores que él, pero supo integrarse y trascender desde su capacidad en una experiencia que marcará su futuro.